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Atención y Vigilancia Plena

por el Ven. Piyadassi Thera

En los textos buddhistas tropezamos frecuentemente con el término appamada, vigilancia (o cuidado), muy emparentado con la palabra sati, atención. Es difícil traducir appamada adecuadamente. Literalmente significa el no descuido de la atención. Pamada, su opuesto, es negligencia, que en este contexto significa el permitir que la mente vague entre los objetos del placer sensible. Appamada implica, por tanto, vigilancia y cuidado interminables para eludir el mal y hacer el bien. La palabra se utiliza sin duda alguna para denotar atención.

Es significativo que el Buddha pone de relieve la importancia de appamada en su admonición final a los discípulos: "Porfiad con vigilancia (appamadena sampadetha)". Es también importante resaltar que las últimas palabras del Venerable Sariputta, el primer discípulo del Buddha, que murió antes que el Maestro, propugnan también el valor de appamada: "Esforzaos con perseverancia y vigilancia, este es mi consejo".

Atención, conciencia plena y comprensión clara: estas son las vías por las que se lleva la meditación a su culminación. El que está atento y consciente de sí mismo en todo momento, está ya a las puertas de la Inmortalidad.

La meditación es el alma del Buddhismo y la negligencia es el espíritu de la muerte. Dice el Buddha:

La vigilancia conduce a la Inmortalidad [1]; la negligencia lleva a la muerte. El cauteloso no muere [2]; el descuidado es parecido a un cadáver.

Con una clara comprensión de esta (diferencia) [3], el sabio, atento, gozoso de (su propia) vigilancia, se deleita con el pasto [4] de los Nobles (ariyas).

Siempre meditabundo, siempre en afanoso esfuerzo, este sabio realiza Nibbana, la suprema seguridad frente a la esclavitud [5].

Se precisa de una atención y vigilancia constantes para evitar el mal y hacer el bien. Nuestros pensamientos y emociones han de ser cuidados y vigilados para dirigirlos al sendero de la purificación. Es mediante esta vigilancia perseverante como se realiza el progreso mental.

Los muchos conocimientos no sirven al que los posee si carece de atención, pues sin ella no puede utilizar con máximo provecho su saber. También los hombres doctos fracasan a la hora de ver una cosa en su propia perspectiva cuando les falta esta importantísima cualidad de la atención. Personas bien reputadas, debido a palabras pronunciadas irreflexivamente y sin la debida consideración a sus consecuencias, se ven a menudo sometidas a graves y justificadas críticas. Hay un dicho: "La palabra pronunciada, la oportunidad perdida y la flecha disparada no se pueden recuperar". En un sentido, la atención es la característica principal de todas las acciones buenas y saludables que tienden a nuestro provecho y el de los demás.

Escuchemos estas palabras del Buddha: "Oh monjes, no conozco nada que ocasione tantos daños como la negligencia. No conozco nada que proporcione tantos beneficios como la vigilancia. En verdad, la vigilancia acarrea un gran provecho" [6].

El Maestro previene a sus seguidores contra el descuido por el perjuicio que causa al progreso humano, tanto material como espiritual. "Estad alertas; estad atentos", es una advertencia que dirigió a sus discípulos cada vez que detectó en ellos una falta de seriedad. Un simple adagio como este ha cambiado enteramente la vida de algunos hombres. Los libros recogen ejemplos en que esto ha ocurrido después de un recordatorio tan breve como el que sigue:

Vigilad, estad atentos,
sed disciplinados, ¡oh monjes!,
reunid vuestros pensamientos,
cuidad vuestra mente [7].

La meditación se realiza por la unión de los tres últimos factores del sendero: esfuerzo, atención y concentración. Estos forman los tres cabos de la soga; están entrelazados e interrelacionados. Pero la atención se considera el cabo más fuerte, pues juega un importante papel en la adquisición de la calma y la visión cabal. La atención, que es un estar alerta, es una cierta función mental y, por tanto, un factor mental. Sin este importantísimo factor de la atención no se pueden conocer los objetos sensibles ni se puede ser plenamente consciente de la propia conducta. Recibe el nombre de atención recta porque evita una atención dirigida erróneamente e impide que la mente preste atención a las cosas de una manera equivocada. La atención guía a su dueño por el camino recto a la pureza y la libertad.

Esta atención recta debe aplicarse a todo lo que se hace. Se espera de nosotros que estemos atentos a todos nuestros movimientos. Caminando, de pie o sentados, cuando hablamos, estamos callados, comemos, bebemos, o seguimos los dictados de la naturaleza -en todas estas actividades y en las demás-, debemos estar atentos y plenamente vigilantes. "Os digo, ¡oh monjes!, que la atención es esencial para todo y en todas partes" [8].

En este contexto hay que advertir que en las escrituras buddhistas la palabra atención (sati) se usa a menudo con otro término de igual significado, "comprensión clara" (sampajañña). La palabra compuesta sati-sampajañña aparece frecuentemente en los discursos. La atención y la comprensión clara cooperan entre sí.

Lo mismo que una persona, cuando pasa del exterior a una habitación oscura, discierne gradualmente los objetos en ella, así un hombre bien despierto y atento comprende mejor las cosas e ilumina su verdadera naturaleza. Esa auténtica naturaleza de las cosas está velada por la ignorancia, camuflada por el desconocimiento; pero la atención genuina ayuda al hombre a comprender rectamente y a liberar su mente.

Acerca del Autor

El Venerable Piyadassi Maha Nayaka Thera (1914-1998), monje cingalés ordenado en 1934, es una notable autoridad en el Buddhismo Theravada. Es autor de más de sesenta obras; entre ellas: "The spectrum of Buddhism", "The book of protection", "El Antiguo Sendero del Buda" y "Budismo, un Mensaje Vivo".

Notas

[1] Amata: Nibbana.

[2] Esto no quiere decir que el cauteloso sea inmortal; lejos de ello, todos los seres son mortales; la idea implicada es que el cauteloso que capta el inmortal Nibbana está más allá del nacimiento y la muerte. Los negligentes se consideran como muertos, pues están sujetos a nacer y morir repetidamente, a samsara.

[3] Del hecho de que, para el cauteloso, hay una escapatoria del samsara, pero no así para el descuidado.

[4] Gocara, es decir, los Fundamentos de la Atención (satipatthana).

[5] Dhammapada 21-23.

[6] Anguttara Nikaya 3.

[7] Digha Nikaya II, 120.

[8] Samyutta Nikaya V, 115.

Piyadassi Thera, "El Antiguo Sendero del Buda"; Altalena, Madrid, 1982. Adaptación: Alejandro P. de León.